Durante décadas se pensó que las distintas especies humanas se habían desarrollado de forma independiente, pero cada vez hay más estudios que señalan que, realmente, pasó todo lo contrario, que hubo mezclas y cruces en los que el flujo genético iba de un lado para otro. Homo sapiens y homo neanderthalensis, por ejemplo, comparten un pasado enredado. Estos dos tipos de homínidos, a lo largo de la historia, se han apareado no solo una vez, sino en múltiples ocasiones. Se ha descubierto que la huella de estos emparejamientos es especialmente fuerte en Eurasia, donde las personas tienen material genético vinculado directamente a los neandertales de las montañas de Altai, situadas en lo que actualmente es Siberia. No se trata de una sola introgresión de material genético de los neandertales. Es una auténtica telaraña de interacciones que sucedieron una y otra vez, donde diferentes homínidos antiguos interactúaron entre sí. En un artículo publicado en 2016 ya se apuntaba, en base al análisis del fósil de una falange de un pie de neandertal, que los apareamientos entre ambas especies se remontan a hace como mínimo 100.000 años de antigüedad y que fue una conducta recurrente allí donde sapiens y neandertales coincidieron.

Otras investigaciones también han demostrado que los neandertales vinculados a la Cueva Vindija, en la actual Croacia, contribuyeron con su ADN a las poblaciones euroasiáticas modernas. “Nuestros resultados refuerzan el concepto de que el código genético de los neandertales ha sido tejido en el genoma humano en múltiples ocasiones a medida que nuestros antepasados se encontraron con los neandertales una y otra vez en diferentes partes del mundo”, señalan los investigadores.

La cuestión es que es muy probable que los sapiens se cruzaran con diferentes grupos de neandertales en diferentes momentos de su expansión a otras partes del mundo. Y no solo se mezclaron con neandertales, sino que también lo habrían hecho con denisovanos y, potencialmente, con otras poblaciones de homínidos aún desconocidas.

Estos eventos de introgresión pueden haber contribuido a la variación de los humanos existentes, con consecuencias biomédicas y evolutivas. Especialistas de la Universidad de Stanford incluso han apuntado que nuestros primos lejanos habrían desaparecido hace alrededor de 40.000 años por culpa de las enfermedades propagadas por los homo sapiens. Para comprobar sus hipótesis, los científicos de Buffalo (EEUU) analizaron el genoma de cientos de personas de ascendencia euroasiática buscando fragmentos de material genético que pudieran haber sido heredados de los neandertales. Los estudios realizados dieron como resultado que, a través de las poblaciones de Eurasia estudiadas, se podían rastrear parte del material genético hasta dos linajes concretos de homo neanderthalensis: uno representado por los restos que fueron hallados en la cueva de Croacia y otro ejemplificado por un neandertal cuyos restos fueron descubiertos en las montañas de Rusia. Los investigadores también descubrieron que las poblaciones modernas estudiadas comparten, además, deleciones genéticas con los linajes de Vindija y Altai. Para los especialistas, cada genoma antiguo secuenciado parece crear una perspectiva completamente nueva para comprender la evolución humana. Y cada nuevo genoma analizado en el futuro puede cambiar completamente la historia.