Por lo general, cuando la mayoría de la gente piensa en veganismo, lo que acude a su mente es una forma de alimentación. Las personas veganas no consumen ningún alimento de origen animal. Sin embargo, el veganismo va más allá, porque no se trata solo de qué comer y qué no. Quienes lo practican tampoco utilizan productos de procedencia animal en sus vestimentas, procuran evitar medicamentos o cosméticos que incluyan materia prima de ese mismo origen, se oponen a la experimentación con animales y también, por supuesto, al uso de otras especies para transporte, entretenimiento u otras tareas al servicio del ser humano. Es decir, más que una forma de alimentación, el veganismo es experimentado como un estilo de vida. Lo curioso es que hay quienes llevan ese estilo aun más lejos, y su veganismo incluye su sexualidad: solo tienen relaciones con personas que también sean veganas. Una decisión que puede ser vista como una manera de ser coherentes hasta las últimas consecuencias o una exageración.

El término ‘vegansexualidad’ fue acuñado en 2007 por la investigadora neozelandesa Annie Potts, quien realizó un estudio sobre el vegetarianismo y el veganismo en su país y reveló la existencia de un pequeño número de personas que llevaban esas preferencias incluso a su vida sexual. En algunos de sus textos posteriores, la investigadora analizó los comentarios agresivos suscitados por sus trabajos sobre la vegansexualidad, sobre todo por parte de hombres heterosexuales que comen carne. Según Potts, esos comentarios calificaba a los vegansexuales en particular -y a los veganos en general- como «sexualmente perdedores, cobardes, desviados, fracasados e intolerantes».

La pregunta que se plantea es: ¿por qué tener relaciones sexuales solo con personas que también practican el veganismo? De aquellos primeros estudios surgían respuestas que se podrían dividir en dos grupos y se podrían denominar éticas y fisiológicas.

Entre las primeras estaban las de quienes decían que, en general, por razones ideológicas, sentían mayor atracción por hombres o mujeres que compartían su estilo de vida. Algo que, desde luego, no es privativo del veganismo, sino que sucede también con muchos estilos de vida de lo más diversos. Por otra parte, muchas personas veganas comparten sus círculos sociales con otras que también lo son. Por ello, las probabilidades de establecer relaciones -incluidas las sexuales- con alguien vegano también son mayores.

Y no se puede soslayar la cuestión de la comodidad, en concreto cuando ya no se trata solo de encuentros sexuales sino de pensar una vida en pareja. Hay factores que en modo alguno son obstáculos infranqueables, pero que pueden impulsar a una persona vegana a tratar de estar con otra que también lo sea. Por ejemplo, la necesidad de preparar comidas diferentes (no siempre, claro está, pero sí en muchas ocasiones), las restricciones al momento de salir a comer fuera o las «tentaciones» a las que puede quedar expuesta la persona vegana si convive con alguien que no lo es.

Las respuestas «fisiológicas» acerca de por qué tener sexo solo con veganos tienen que ver, en general, con el hecho de que las sustancias de las que una persona se alimenta pasan a formar parte de su cuerpo.

Más allá de la cuestión ética, se debe tener en cuenta que, tras ser procesada por el aparato digestivo, tanto la carne como el resto de alimentos que una persona ingiere se descomponen en sustancias que se incorporan al organismo o son desechadas, pero que ya no constituyen partículas de otros animales. A lo sumo, estas pueden quedar en la saliva o en alguna parte de la boca. Una correcta higiene bucal se encargará de eliminarlas.

Donde sí puede dejar huella el tipo de alimentación es en el olor corporal. Un estudio realizado por científicos de la República Checa llegó a la conclusión de que el olor corporal de hombres que no comían carne roja era «significativamente más atractivo, más agradable y menos intenso» que el de aquellos en cuya dieta la carne roja había ocupado un lugar central. Por lo tanto, la afirmación hecha por una de las encuestadas en el trabajo de Annie Potts, quien dijo que los cuerpos de quienes comen carne «huelen diferente», estaría apoyada por una supuesta evidencia científica, a falta de encontrar más estudios que lo corroboren.

También la ingesta de pescado, lácteos y comida ultraprocesada pueden contribuir con el mal olor corporal. Pero lo mismo sucede con productos sí aptos para los veganos, como el ajo, la cebolla, el curry e hidratos de carbono refinados, así como el café y las bebidas alcohólicas, lo que desmontaría la teoría de Potts y los científicos checos. Así que de momento es difícil asegurar que hay razones fisiológicas.